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TCA (Transtornos de Conducta Allimentaria)

Los Trastornos alimentarios o Trastornos de la Conducta Alimentaria se han convertido en las últimas décadas en una auténtica epidemia entre los niños y adolescentes. Anorexia, bulimia, obesidad…… cualquiera de ellos, cuanto antes se detecte más posibilidades habrá de atajarlo.

Según datos de ADANER, los trastornos alimentarios son la segunda causa de muerte entre jóvenes después de los accidentes de tráfico, pero a pesar de que este dato asuste, hay que recordar que, aunque muchos jóvenes (sobre todo chicas) tienen momentos en los que alteran algunas conductas, no todos caen en un trastorno alimentario.

Dado que la adolescencia social se ha adelantando también lo ha hecho la edad de inicio de los trastornos alimentarios. Hace unos años comenzaban a aparecer los casos alrededor de los 12 años, y actualmente a nadie que trabaje en este campo le extraña ver niñas que comienzan a los 9 años.

Hay puntos en común en todos los trastornos alimentarios y hay puntos que diferencian unos tipos de otros. Baja autoestima, miedo al sobrepeso, inicio de dietas e insatisfacción corporal son rasgos que encontramos detrás de la anorexia y la bulimia, que por lo demás son enfermedades muy diferentes. También hay que señalar, que aunque una adolescente no parezca ser anoréxica ni bulímica, eso no significa que no tenga un trastorno alimentario, de hecho cada vez son más los casos que no se ajustan estrictamente a esas categorías. Son los TANE (Trastornos Alimentarios no Especificados).

Hay que tener en cuenta que el 80% de los casos se inician tras una dieta. Si una niña sin sobrepeso quiere iniciar una dieta o se observa que deja de comer determinados alimentos hay que olvidar los tópicos de “son cosas de adolescentes” o “ya se le pasará, es la edad”.

Si se sospecha la presencia de cualquier trastorno hay que acudir a un profesional especializado, sin tener miedo a la reacción del adolescente y sin ceder ante los chantajes emocionales o las amenazas de irse de casa. En esto, como en otros problemas, más vale un adolescente cabreado que enfermo.

Cada vez son más las niñas que quieren “ponerse a dieta”, bien por imitación de lo que ven en casa, en televisión, en el colegio, entre sus amigas, o bien porque la infancia se está reduciendo cada vez más, y cada vez se adquieren más pronto las conductas de adolescente.

Un estudio de Mellin y colaboradores demostró que el 80% de las niñas antes de los 11 años limitan su ingesta de alimentos con el objetivo de adelgazar.

Al igual que hay factores que predisponen a la aparición de un trastorno alimentario, también hay factores “ de protección”. Una de las formas eficaces para prevenir desde la familia es reforzar estos factores.

Factores que protegen

Los adolescentes que tienen hábitos alimentarios saludables, realizan las comidas en familia, no se les permite saltarse ninguna comida (desayunar correctamente desde niños es uno de los factores protectores), y tienen unos modelos “sanos” , sin personas que “hacen dieta” a su alrededor, (otra cosa es que un miembro de la familia tenga una dieta especial por un problema de salud, en ese caso se debe enseñar a los menores que “come de forma diferente porque está enfermo” y que lo saludable es comer de todo) ni que picotean constantemente, con horarios estables y con conocimientos sobre alimentación, tienen menos posibilidades de padecer el trastorno.

Aquellos a los que se ha inculcado una autoestima fuerte basada en sus rasgos de personalidad y en sus valores, acusarán el impacto del cambio corporal, pero la seguridad en si mismos estará basada en algo mas que su aspecto externo, siendo mas resistentes a la influencia de la publicidad y los medios de comunicación.

Otro factor de protección son los intereses del grupo que les rodea. Tener un grupo de amigos cuyos intereses estén diversificados, deportes de equipo, actos culturales, grupos que realizan actividades en la naturaleza…..pero estas aficiones hay que inculcarlas desde niños, no podemos pretender que “se echen amigos sanos” si desde pequeños no les hemos llevado a los lugares adecuados para conocer a “esos amigos”.

Factores de riesgo

Tener una menarquia precoz; desarrollarse físicamente de forma temprana es un factor de riesgo. Al estar discriminadas del grupo a nivel de desarrollo, no pueden compartir sus experiencias, ni sus sensaciones y es más probable que se produzca un rechazo a las nuevas formas corporales, que son las que las hacen diferentes.

El tiempo de exposición a los medios de comunicación y como éstos son percibidos en la familia. Es verdad que los medios de comunicación no “enferman” a la gente, pero sí construyen un estereotipo físico irreal y hacen creer que en base a ese estereotipo se puede conseguir todo.

La presencia de ese estereotipo físico empieza desde la más temprana infancia, si comparamos la evolución de los dibujos animados vemos que el contraste entre la figura de Heidi y los protagonistas de las series infantiles actuales es absoluto. O entre las muñecas. Sigamos la evolución que han sufrido las “peponas” o la Nancy, hasta llegar a la muñeca más vendida en este momento “Barbie”, que representa un estereotipo que las niñas asimilan desde pequeñas. También tenemos a “Betty Spaghetti”, o un producto español, las Bratz, muñecas con unas proporciones imposibles y absolutamente sexualizadas en su forma de vestir y maquillarse.

Según un estudio de Steenland si una mujer real tuviera las proporciones de la Barbie, no tendría el suficiente peso para menstruar y tendría graves problemas de columna, y sin embargo, es la representación de la feminidad mas extendida entre la infancia occidental.

Otros factores de riesgo

  • Antecedentes de obesidad en la infancia.

  • Hábitos alimentarios familiares incorrectos.

  • Práctica de determinados deportes.

  • Acontecimientos vitales estresantes: cambio de residencia, separaciones, muerte de un familiar, abusos...

  • Conflictividad familiar.

  • Conflictividad escolar.

  • Deficiente o mala información nutricional.

  • Baja autoestima.

  • Déficit en asertividad.

  • Factores específicos: insatisfacción corporal, actitudes alimentarias patológicas de la madre, trastornos alimentarios en madres o hermanas.

A.I.G.S.

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